domingo, diciembre 26, 2004

Redirecciónate, carajo

sábado, diciembre 25, 2004

Miserias en miga de pan

Las campanas repicaban a muerto en todo el pueblo, helado y húmedo por el efecto del interminable invierno castellano. Un heroinómano joven y viejo a la vez es el hijo de la difunta y parece estar en otra cosa. Entra en la iglesia acompañado por su padre, aún incapaz de asumir lo ocurrido: la muerte de su mujer después de 47 años de casados y en unas circunstancias tan trágicas. En resumidas cuentas, si fuera consciente de la realidad preferiría estar muerto.
La señora está de cuerpo presente, pero su presencia ya no es significante. Las primeras filas son las únicas que asisten de veras al entierro. Beatas y feligreses que nada tienen que ver con la homilía se sitúan en los últimos bancos. Unos miran hacia arriba, otros hacia abajo, pero todos concentrados en la conversación propia con el Santísimo. También al final de la sala se sitúan otros individuos de diferente calaña que especulan y malhablan de lo sucedido.
Todas las conversaciones parecen sacadas de una novela negra; y el hijo de la fallecida parece protagonizar todas las oscuras conversaciones. Mientras, en la primera fila, la más afectada como es costumbre, los familiares más cercanos olvidan por un día sus problemas con la herencia de padre o sus diferencias en materia de droga y sumisión con el chiquillo.
El chiquillo en cuestión, tan muerto como su madre, no sabe muy bien dónde está, ni resuelve ninguna duda mental que le destroce el pecho. Simplemente llora por proximidad geográfica con otras lágrimas que aún le son conocidas. Todo empezó hace años, cuando quiso probar con algo más, digamos, excitante. La cadena aún no se ha roto, pero él no piensa en eso. Sólo siente un dolor agudo en el estómago y un martirio que le escupe a la cara otro sentimiento aún más mísero. Porque en ese momento, en ese mismo momento, mataría hasta a su madre por un pico.

jueves, diciembre 23, 2004

Después de ti

Una excusa que no siente ni padece,
una vida que no tiene corazón,
un sinónimo de mí que no merece
ser un poco, más o menos, como yo.
Un sitagma nominal extraditado,
un exilio en la ultramar de las ideas,
una ola que jamás ha especulado
con el sueño de fundirse en la marea.
Un gramito de locura por favor,
que no estamos para lunas eclipsadas,
una pupila que escupa el desamor
al compás de la explosión de tu mirada.
Un perfume de canela porque sí,
una esquela bajo el polvo enamorado,
un espacio entre "estas ganas de morir"
y "estas ganas de morirme aquí, a tu lado".
Un pasado tatuado con saliva
y un permiso para ser libre en el cielo,
un Señor que me convence desde arriba
de que abajo todo es sal o caramelo.
Un trabajo sin permiso de tristeza,
una pieza que faltaba en otra vida,
una herida que se pierde en mi cabeza
y que encuentra, a duras penas, la salida.
Un terrible malestar de contrabando
y un milenio para no desmerecer,
unas alas de juguete, y voy volando
a jugar sobre tu cuerpo de mujer.
Un silencio, o tal vez dos, por bulerías,
un pecado tan confeso como el sol,
que no sabe conquistar a un mediodía,
pero intenta convencerle de su amor.
Un poquito de lo mucho que buscamos,
el reclamo de lo mucho que perdí,
un suspiro de metal sobre las manos
y un diluvio universal después de tí.

A Piedad.
Madrid, antes de todo.

domingo, diciembre 19, 2004

Sobrevolando; y todo lo demás

Triste y perdida en el fruto amargo del desconsuelo, una lágrima cae sobre el largo de tus cabellos... No me dice si viene o si va, si cae o si vuela; mas se intuye un silencio fugaz que grita y espera al diccionario de los buenos días por la mañana, al calendario que lanza su vida por la ventana. Y esa gota que vuela y se expone, sin compañía, pronto será una entre millones en la jerarquía de las gotitas que siguen cayendo desde su pelo, mientras las dudas van in crescendo debajo del cielo. Lo que no sabe esa lagrimita que está volando es que querrá despegar ella misma de cuando en cuando... y no podrá por ser parte del todo que allí comienza, porque el mar agoniza en el lodo de la tristeza. Pero los cuentos nunca terminan por el final y la lágrima no quiso ser fina ola de mar. Y hoy la gota sobre el mar, precisamente, alza su vuelo para volar eternamente.

Moraleja: Pon el Gran Hermano, que me aburro...

martes, diciembre 14, 2004

El amor, así, contado...

Ayer me contaron un cuento...
...que narraba la historia de un precioso país donde, para bien o para mal, había un rey. El rey tenía una hija bellísima que estaba en edad casadera. Para aderezar el argumento, esta bella princesa se fue a enamorar de un picapedrero. Al rey, en un principio, no le importaba mucho que la jovenzuela saliera cada noche de madrugada, porque como todos los reyes con hijas hermosas pensaban siempre lo mejor. Estaría jugando a las canicas con alguna amiga...
Pero un buen día el picapedrero se armó de valor y, olvidando leyes y protocolos, se llegó al palacio a pedir la mano de la princesa. No sólo se llevó para casa una sonora negativa, sino que el rey, harto de sapos y culebras, mandó llamar a su comité de sabios para que estos decidieran quién era el ser más poderoso del mundo, por lo menos. Dicho ser se casaría con su hija.
Los sabios, tras superar varias ruedas de opinión y una multitud de luchas internas, decidieron que el ser más poderoso era el sol. Así que allí llegó el sol para reunirse con el rey. Os podéis imaginar la que lió en palacio, simplemente, para hacer manifiesta su negativa: "mire rey, yo no soy el ser más poderoso, porque sí, lo ilumino todo, pero llega la nube, difumina cualquier rayo de luz y termina conmigo".
Entonces los funcionarios de la corte mandaron llamar a la nube, que era el más firme candidato para desposar a la princesa. Y allí llegó la nube humedeciendo todas las paredes del castillo. Nunca estuvo tan nublado el salón de plenos, simplemente, para oír un nuevo despropósito: "mire señor rey, no es que quiera parecer grosero, pero yo no soy el ser más poderoso, porque es verdad que ando volando y dominando el cielo azul, pero llega el viento, me deshilacha los cirros y termina conmigo". Con el viento la misma historia: "mire señor rey, sinceramente, yo no soy el ser más poderoso, porque ando surcando fronteras en forma de tramontana, bien es cierto, pero llega la montaña y termina conmigo".
La montaña, por causa justificada, no pudo presentarse ante el rey, pero mandó a un emisario en forma de montículo arcilloso. Entre dimes y diretes jamás se oyó voz más arenosa y serena: "mire señor rey, en nombre de la más grande montaña, no soy yo el ser más poderoso de este mundo, porque bien sabe usted que, estando la montaña tranquila en su dominio de valles y laderas, llega el picapedrero...

jueves, diciembre 02, 2004

Carta abierta...

...a la mujer que no me quiere:
No me quieres ahora; incluso se puede decir que jamás llegaste a quererme. Pero no disculpo ni un instante, ni perdono un segundo que no sepa de ti. Porque te quiero por encima de la vida o el amor. Ya sé que tú no eres la responsable de la nada. Nadie es dueño de lo que siente o padece, pero últimamente y por mucho que me cueste, no puedo evitar este odio infeliz hacia tu persona. Y es que de un tiempo a esta parte te voy queriendo menos y sólo tú tienes la culpa. Porque, aunque el amor, en cualquiera de sus formas, no entienda de culpables, tú sigues siendo la excusa perfecta.

Desde que soy más estúpido

...tú estás más tonta:
El bus va más lleno cada vez. El transporte público alcanza en estos instantes un nivel de repugnancia extremo, por no decir algo más grueso, gracias al sudor compartido y los olores varios. Mientras tanto, desde los últimos asientos del autobús, se escuchan voces 'elocuentes' que hablan de la esperanza, de la vida y de la ilusión en términos que a uno le hacen tener esperanzas, vivir e, incluso, ilusionarse entre el traqueteo y el interminable transcurrir del tiempo.

Esas palabras se vierten desde una voz femenina y estimulan a los viajeros que, entre suspiros y medias sonrisas, luchan por desenmarañarse de otras conversaciones que hablan del precio de los tomates o del partido de Champions del martes que viene. Todos piensan que algo en esta parte del Universo se ha detenido, o acelera, que algo debe ser más sencillo, o más complicado, a partir de este preciso instante. La mujer se dirige a una segunda persona en términos de confianza y respeto, pero de vez en vez se le escapa un "estás loca" que hace pensar en la locura vehemente de su acompañante. O no.

Es complicado medir el tiempo que duraba la ejecución de cada soberana estupidez, porque la inteligencia ni se mide ni se posee, simplemente se expande al ser creada; así que me limito a sostener que nada puede decir el loco de su locura. Porque aquella señorita que hizo estremecer al transporte público madrileño, en su fervor discursivo, en su intento por debatir con su compañero y salir airosa del trámite, hablaba sola. Y la inteligencia, mientras tanto, seguía creándose en el lugar equivocado y expandiéndose hacia la parte delantera del autobús, joder.

viernes, noviembre 12, 2004

Cromatismo azulado

El cielo es azul cuando lo miro en tus ojos marrones, casi verdes. Y la vida pasa porque todo es azul desde que el Universo gira sobre nosotros. Desde que el mundo se detuvo aquella tarde de invierno bajo un cielo azul poblado de nubes grises; una sobre otra, tan azules como tu pelo negro o tus labios rosados. El azul es nuestro, por encima del tiempo y de las cosas... Porque el amor bien entendido empieza por uno mismo y hoy quiero pensar, suerte la mía, que tus ojos azules son tan hermosos como el verde de tus ojos, casi marrones.

Lo que queda

El hielo se nos congela de frío
y el calor sólo mira por los dos;
el invierno es pareja del hastío
porque el sol baila a solas con el sol.
No hay término medio en este mundo
que invite a enamorarse por amor
sin pasiones que rijan el profundo
amor que habrá después de la pasión.
No queramos comprar nuestro destino
porque el destino elige por nosotros
mientras el hambre se muere de sed...
Y mientras cae el hambre en el camino
y la inerte pasión nos deja sólos
gocemos del amor tal como es...

Al desamor. Por infeliz.